El situacionismo no es una de las vanguardias artísticas más conocidas del siglo XX. Su técnica más frecuente, el detournement, que consiste en tomar elementos de la cultura de masas y usarlos para contradecir el mensaje original de sus creadores, es algo que el grupo de activistas conocidos como culture jammers han venido haciendo en los últimos años, pero las películas situacionistas permanecen en el olvido. El cine experimental nunca ha gozado de una gran difusión y la situación se complicó cuando el fundador del situacionismo, el francés Guy Debord, decidió sacar del mercado sus propias cintas, incluyendo La Societé du Spectacle de 1973, basada en su célebre libro de 1967.
Es cierto que su discípulo René Vienet no hizo lo mismo con sus cintas, que incluyen títulos como La Dialectique Peut-Elle Casser Des Briques? (¿Puede la Dialéctica Romper Ladrillos?, 1973) y Les Filles de Kamare (Las Chicas de Kamare, 1974), pero el situacionismo estaba listo para unirse a otros movimientos artísticos que intentaron pasar al cine sin lograrlo hasta que el norteamericano Craig Baldwin empezó a hacer sus propios experimentos de detournement fílmico en 1978 con Wildgunman, realizado bajo la influencia del movimiento punk. En esta película Baldwin utilizaba imágenes de las campañas publicitarias de Marlboro para criticar el marketing, el destino manifiesto, el esterotipo del cowboy y el imperialismo norteamericano.
En los años siguientes, Baldwin estudió en varias universidades de California. En la estatal de San Francisco tomó clases con Bruce Conner, uno de los pioneros del cine independiente norteamericano, y fue entonces cuando decidió explorar a fondo las posibilidades del collage para elaborar películas que contrarrestaran la moral hollywoodense. Para hacerlo Baldwin recurrió a su extensa colección de Super8 y 16mm, formatos en los que se puede obtener lo mismo obras de aficionados que reducciones de clásicos, por no decir nada de la enorme cantidad de documentales y propaganda producida en décadas anteriores (un ejemplo de esto es Perversion for Profit). Su siguiente trabajo fue RocketKitKongoKit, de 1986, donde hablaba de una empresa alemana que había llegado a un arreglo con el gobierno de Zaire para que éste les cediera el 10% de su territorio para llevar a cabo pruebas de misiles. Para alguien tan contestario como Baldwin el tema ya era de por sí bastante interesante, pero además el cineasta tenía a su disposición una cantidad considerable de imágenes de viejas películas de ciencia ficción y de aventuras en la jungla.
La genial Tribulation 99: Alien Anomalies Under America, de 1991, es una frenética combinación de extraterrestres, anticomunismo, maniobras de la CIA, pietaje tomado de películas mexicanas de terror, entre muchas otras, con música de fondo de Yma Sumac y un narrador paranoico que nos advierte que el fin de la civilización llegará en 1999. Tribulation 99 fue muy bien recibida por el underground en Estados Unidos pero nunca alcanzó la popularidad que merecía. El problema era en parte su duración, con 50 minutos no podía considerarse un largometraje y no era fácil incluirla en una recopilación de cortometrajes. Además, el creciente mercado del cine "de culto", que a principios de los 90 empezó a editar en video las obras completas de Andy Milligan, Larry Buchanan y William Castle, la pasó por alto en favor del Vengador Tóxico, que será muy divertido pero no exige tanto del espectador.
Lo que todas las obras de Baldwin tienen en común era su rechazo del imperialismo occidental, por lo que no es de extrañar que en 1992 se uniera a las protestas por la celebración del eufemístico Encuentro de Dos Mundos con O No Coronado!. La discusión que se generó entonces sobre la expedición de Cristobal Colón a tierras americanas 500 años antes no se limitó a la gresca que escenificaron los hispanistas y los indigenistas en esta parte del mundo. Sin duda los dimes y diretes de estas dos facciones, más parecidos a un tiro ley en una pulcata que a un debate inteligente, fueron entretenidos para los espectadores. A falta de sustancia había que divertirse con los escupitajos, las cacayacas y los intentos por derribar monumentos de aquella pintoresca fauna, que incluía a ratas de sacristía, orgullosas de su pasado católico y ultramontano, y a unos señores muy chistosos disfrazados de mayas y mexicas.
Como en todos los carnavales, pasado el festejo no quedó nada de todo esto más que basura, en este caso un alud de publicaciones que pondrían verdes de envidia a los editores comunistas del Pravda de sus mejores épocas (o del Grandma actual) por la cantidad de verdades a medias, insinuaciones malintencionadas y burdas mentiras que ahí se incluyeron. En buena parte porque, según los indigenistas, tenemos la obligación de identificarnos con los aztecas aunque no hablemos su idioma, conozcamos sus costumbres, ni compartamos sus creencias. Y es que, nos guste o no, somos descendientes de los conquistadores, tanto de los españoles como de sus aliados tlaxcaltecas y huejotzincas, no de los vencidos. Refutar a los "indigenistas" llevaría demasiado tiempo, convertiría esto en un estudio historiográfico, sería bastante aburrido y no nos llevaría a nada.
Por eso resulta tan fascinante un trabajo como O No Coronado! (1992), ya que, a pesar de adoptar una postura similar a la de los indigenistas, lo hace con ingenio, habilidad y sin el mesianismo de la izquierda tradicional. Sin redentorismo de mono blanco, Baldwin relata la expedición de Francisco Vásquez de Coronado en busca de las Siete Ciudades de Cibola y el trato que los nativos recibieron por parte de los europeos en su afán por encontrar oro. En esta ocasión, además de sus acostumbradas imágenes de archivo, incluye escenas con actores, sin que por ello intente una reconstrucción histórica. Los actores, disfrazados de indios, españoles y monjes, aparecen en escenarios modernos, que incluyen rascacielos y aviones, sin hacer el menor intento por convencernos de que lo que estamos viendo realmente está sucediendo, lo que en mi opinión es el principal defecto del cine contemporáneo.
Antes de entrar de lleno a la biografía de Coronado, Baldwin incluye un prólogo donde vemos el proceso en el que se almacenan los desechos radioactivos en minas abandonadas. A esto le sigue una breve narración indígena donde se habla de la aparición de demonios que obligaron a la población a buscar refugio. De esto pasamos a un par de jinetes que compite entre sí hasta que uno de ellos cae al suelo y su montura lo golpea en la cabeza. El accidentado es nada menos que Francisco Vásquez de Coronado y una voz femenina, que hará las veces de narrador omnisciente, nos cuenta que el trauma hace que la mente del conquistador viaje en el tiempo hasta el año 711, cuando los bereberes al mando de Tarik ibn Ziyab invaden la península ibérica, con lo que da inicio el proceso de Reconquista que tomará ocho siglos y que culminará cuando los españoles tomen Granada, el último reducto musulmán, en 1492.
Como todo escolapio sabe, este es el mismo año que Cristobal Colón encuentra por error una nueva ruta a las Indias. Baldwin narra el proceso de la conquista de América de forma muy esquemática pero apegándose en lo fundamental a los hechos, todo esto con su acostumbrado método de imágenes recicladas de antiguas películas de aventuras, editadas de manera que la narración, que incluye una segunda voz que actúa como sustituto de los personajes históricos, Coronado incluido, sirva como contrapunto irónico de lo que vemos en pantalla, donde las acciones son mucho menos épicas de lo que sus creadores originales, los realizadores de humildes películas históricas y de aventuras que ilustraban lo dicho en libros de texto, quisieron plasmar. Así, junto con un idealizado Cristobal Colón y un dudoso Hernán Cortés, aparecen Gulliver y el Llanero Solitario combatiendo a los indios y anunciando la llegada de una cultura superior, para de esta forma exhibir la moraleja eurocéntrica contenida en la cultura popular, que sin proponérselo repite los mitos que hicieron de los europeos los amos de razas inferiores, como la nuestra. También aparece por ahí Torquemada, con la cara de Vincent Price, y la música de fondo también juega su papel, con fragmentos del Bolero de Ravel y Carmen de Bizet, entre muchos otros.
Baldwin no niega la crueldad de los españoles, que podían quemar vivos a los indios insumisos o usar sus perros de caza para despedazar a un cacique frente a sus súbditos para disuadirlos de rebelarse. O No Coronado! toma partido por los pueblos que tuvieron la desgracia de estar en el camino de los conquistadores ávidos de encontrar las riquezas fabulosas de sus leyendas. Al mismo tiempo, no se puede negar cierta empatía por parte del director/guionista hacia Coronado. No por nada los protagonistas de todas sus narraciones son personajes obsesivos, marginales, cuyo triunfo consiste en su misma alienación. Francisco Vásquez de Coronado, pese a todo, termina de manera muy similar a otro conquistador perdido en la inmensidad de la Nueva España, aquel Alvar Núñez Cabeza de Vaca que acabó convertido en chamán. Lejos de caracterizar a Coronado como villano de opereta, que es la suerte que le ha tocado a nuestro primer héroe nacional, Hernán Cortés, a quien se le han negado todos los reconocimientos y las estatuas que en cambio le han llovido a un personaje tan ínfimo como Luis Donaldo Colosio, Baldwin ve en la triste figura del conquistador español a una víctima de sus propia cultura, donde la existencia de las Siete Ciudades de Oro era considerada un hecho incontestable.
Sea cual sea la opinión que uno tenga de Coronado y los otros conquistadores españoles, no se puede negar que los documentales de Baldwin abren nuevas posibilidades para el cine, un arte tan hipercodificado que a veces parece que ya no tiene nada que ofrecer. Retomando viejas ideas de Eisenstein sobre el valor del montaje, Baldwin usa las imágenes desechadas, el detritus cultural de otras épocas, y le da nueva vida empleándolas como elementos de un nuevo tipo de lenguaje cinematográfico, ajeno por completo al raccord y al rancio mimetismo que todavía predomina en los festivales "de vanguardia", tipo Cannes y Berlín. Tampoco se puede decir que Baldwin en estas pocas películas haya renovado por completo el cine pero sí es un ejemplo a seguir para otros realizadores que no estén conformes con hacer lo mismo de siempre, aunque suscite la admiración de los despistados que siguen creyendo en la teoría del autor y demás zarandajas.
Entre otras razones, hay un obstáculo que impide que otras personas se pongan a confeccionar obras como las de Baldwin así como así, aunque el found footage poco a poco haya ganado terreno. Me refiero a las reformas que se le han hecho a las leyes de copyright en Estados Unidos, donde las transnacionales se las han arreglado para que los legisladores gringos retrasen el momento en que personajes como Superman y el Ratón Miguelito pasen al dominio público, todo con el pretexto del gran peligro que las nuevas tecnologías, incluyendo internet, representan para su propiedad intelectual. Una razón más para apoyar la piratería.
Por eso la siguiente película de Baldwin fue Sonic Outlaws, otro documental donde narraba los esfuerzos de culture jammers musicales como Negativland y los Tape-Beatles por usar fragmentos de canciones famosas de la misma forma en que él lo ha venido haciendo con viejas películas. Sin embargo, hay una diferencia. Para hacer Sonic Outlaws Baldwin tuvo acceso no sólo a stock shots sino a los mismos protagonistas, por lo que se incluyen entrevistas y otros materiales, que en cintas previas no aparecían. Su siguiente obra, y última hasta la fecha, Spectres of the Spectrum, retoma su estilo anterior.
Ahora que si todavía piensan que los conquistadores fueron unos hijos de suchi que le vinieron a dar en todísima a la deslumbrante cultura azteca, quiero compartir con ustedes el siguiente fragmento de la Autobiografía del gran muralista mexicano José Clemente Orozco (hecha la aclaración para los que crean que Orozco era cantante o beisbolista):
"Según (los indigenistas), la Conquista no debió haber sido como fue. En lugar de mandar capitanes crueles y ambiciosos, España debió de haber enviado numerosa delegación de etnólogos, antropólogos, arqueólogos, ingenieros civiles, cirujanos dentistas, veterinarios, médicos, maestros rurales, agrónomos, enfermeras de la Cruz Roja, filósofos, filólogos, biólogos, críticos de arte, pintores murales, eruditos en historia. Al llegar a Veracruz, desembarcar de las carabelas carros alegóricos enflorados y en uno de ellos Cortés y sus capitanes llevando sendas canastillas de azucenas y gran cantidad de flores, confeti y serpentinas para el camino a Tlaxcala y la gran Tenochtitlán, y después de rendir pleito homenaje al poderoso Moctezuma, establecer laboratorios de bacteriología, urología, rayos X, luz ultravioleta, un Departamento de Asistencia Pública, universidades, kindergartens, bibliotecas y bancos refaccionarios. En lugar de aceptar los españoles los frecuentes regalos que les hacían de doncellas aztecas y toltecas, debían haber traído mozas guapas de Andalucía y Galicia para obsequiárselas a Moctezuma y a Cuauhtémoc. Poner a Alvarado, a Ordaz, a Sandoval y demás varones fuertes, de gendarmes, a cuidar las ruinaspara que no se perdiera nada del tremendo arte precortesiano. Aprender ellos mismos los setecientos ochenta y dos idiomas diferentes que se hablaban aquí. Respetar la religión indígena y dejar en su lugar a Huitzilopochtli. Repartir gratis semillas, maquinaria agrícola y ganado. Construir y regalarles casas a los campesinos. Organizar los ejidos y las cooperativas. Hacer caminos y puentes. Enseñarles nuevas industrias y deportes, todo con muy buen modo, suave y cariñosamente. Impulsar los sacrificios humanos y fundar una gran empacadora de carne humana con departamento de engorda y maquinaria moderna para refrigerar y enlatar. Sugerirle muy respetuosamente al gran Moctezuma que estableciera la democracia en el pueblo, pero conservando los privilegios de la aristocracia para darles gusto a todos. De esta manera se habrían ahorrado los tres siglos de la aborrecida Colonia y estaría en pie todavía el gran Teocalli, bien desinfectado para que la sangre de los sacrificados no se pudriera y poder hacer morcilla fresca con la misma, en una fábrica que ocupara el sitio que malamente ocupa el Monte de Piedad."
O NO CORONADO!
Dirección, Guión, Edición: Craig Baldwin; Producción: ; Fotografía: Bill Daniel, Todd Edeiman; Música: Dana Hoover; Con: Matthew Day, Nao Bustamente, Todd Edeiman y las voces de Gina Pacaldo y Carlos Barón;
EE.UU., 1992, 40 min.
Participaciones: Festival Internacional de Cine de Gijón, España, 2003; Festival de Cine de Sundance, Park City, Utah, Estados Unidos 2003