wolf-of-wall-street-posterPor: Rubén Martínez Pintos

Basar una película en una “historia real” no significa que dicha historia sea interesante, o que siquiera valga la pena contar. La última cinta de Martin Scorsese es la prueba más clara de esto. Basada en el libro del mismo nombre, escrito por el ex-billonario y entusiasta de la cocaína Jordan Belford, las crónicas de los excesos de un defraudador, y su séquito de drogamigos es un maratón de estar viendo la misma escena repetirse una y otra vez. Acompañamos a Leonardo DiCaprio, quien interpreta a nuestro pericotagonista, durante tres largas horas de una escena de orgía y drogas a otra. Ya les conté toda la historia de la cinta: tres horas de prostis y perico, no hay más.

Varios se han quejado que la cinta glorifica las actividades de tan deleznable personaje, pero este no es el caso. Uno de los pocos aciertos de la película es nunca tomar una postura con respecto a los hábitos de Belford. Es un mero espectador, ni los condena con algún mensaje moralista, ni los celebra. El problema es que tampoco sabe contarnos una historia interesante, no sabe darnos un solo personaje que sea remotamente atractivo para interesarnos en sus andanzas. El mismo Belford describe a su grupo como una sarta de traficantes adictos, lacrosos y torpes. Idiotas funcionales prácticamente, y ese es el tono que mantienen durante todas las tres horas. Una vez más, quizás realmente así fue en la vida real, pero eso no nos brinda una narrativa que valga la pena seguir.

Desde los primeros pasos de Belford en el mundo de Wall Street la pantalla se llena de caricaturas pobremente trazadas de estereotipos del capitalismo salvaje. El primer mentor de nuestro super perico man, un Matthew McConaughey guturando sonidos de la selva y metiéndose a blanca nieves por la nariz como aspiradora, le informa a Belford que los principales requisitos para trabajar en el mundo de las acciones empresariales es masturbarse y contraer gripe colombiana. Luego del gran desastre financiero de finales de los ochentas que azotó a Wall Street, Belford se reinventa como un vendedor de acciones de empresas de poca monta. Timando a gran cantidad de ingenuos e incautos, logra vender miles de dólares en acciones de talleres de reparación de aires acondicionados, y casi poco le faltó vender participaciones en puestos de sopes y enchiladas. La película es bastante clara respecto al perfil defraudador de este vendedor de espejitos, quien a la fecha aún sigue en el negocio de tomarle el pelo a la gente, sólo que ahora lo hace en el menos peligroso mundo de las conferencias y libros de auto- ayuda. La película es un compendio de sus años como “pez gordo”, o lobo gordo en este caso, en el mundo de las finanzas. Junto con un grupo de adictos y estafadores de poca monta Belford arma un imperio, y de ahí es fiesta tras fiesta hasta donde el cuerpo aguante, y hasta donde aguante la paciencia del espectador.

wolf-of-wall-street-02El personaje principal tampoco se salva de quedar pobremente desarrollado, DiCaprio no hace un mal papel con un rol tan limitado, después de todo, la mayor parte del tiempo se la pasó en el set rodeado de bellas mujeres, por lo general semi o totalmente desnudas. Este lobo no resulta ser el gran vendedor que la historia pareciera querer presentarnos, sino más bien una figura que sabe motivar a los demás aludiendo a sus deseos de revolcarse en el hedonismo más puro y desmedido. Sus habilidades como líder son bastante cuestionables en vista de su absoluta entrega a sus adicciones, las cuales uno presiente en cualquier momento le costarán un paro cardiaco, un accidente, o una redada de parte de las autoridades.

De estas tres posibilidades son dos las que eventualmente se hacen presentes en la trama, pero carecen de un peso dramático real. El ascenso y caída del personaje va y viene con la misma trivialidad que una linea de cocaína siendo aspirada por una ansiosa nariz. Nunca conocemos realmente a ninguna de estas personas, ni a sus esposas, ni a sus amigos, aunque sí sabemos que uno al parecer se anda planchando a su prima. Pero la película no tiene tiempo para esos detalles, esta más preocupada con saturarnos de escenas de fiesta. Que nadie se confunda, esto no es ninguna sátira del mundo del capitalismo, no es un drama con humor negro, es más bien un sketch de Jackass que dura demasiado. Una sopa de vídeos donde el cocinero confundió la sal con otro frasco lleno de polvo blanco. Esta rutina que sigue la trama se vuelve rápidamente tediosa y repetitiva. Si alguien necesita mayor evidencia de la naturaleza auto-paródica de la película puede remitirse a la escena de “popeye” que ocurre justo durante uno de los pocos momentos “dramáticos” que tiene la historia.

Si bien señalé que la cinta nunca toma partido de las andanzas de Belford una que otra escena sí pareciera mostrar cierta simpatía con el susodicho, después de todo esto esta basado en un libro que escribió el mismo “lobo”. Una escena cerca del final pareciera sugerirnos que uno de los agentes federales que lo perseguía tal vez consideró la oferta de soborno, cambiar el claustrofóbico y oloroso metro por un auto de lujo. Quizás el guión trataba de decirnos que la tentación de atragantarse de dinero está en todos y cada uno de nosotros, sin importar que sistema de creencias tengamos. Lástima que la película no explore estos detalles y persista en rehusarse a salir de la misma nota que azota en nuestras mentes repetidamente. Incluso seguir escribiendo sobre ésta hace que esta reseña corra el riesgo de volverse tan redundante como la misma película.

wolf-of-wall-street-01Martin Scorsese es uno de los pocos baluartes que le quedan a hollywood, representante de una época que ya no volverá, y de un tipo de cine que está prácticamente extinto en el sistema de los grandes estudios. Lo cierto es que sus últimas cintas distan mucho de las épocas más productivas del realizador de Taxi Driver. Así como a Clint Eastwood, la crítica lo baña irremediablemente en elogios, haga lo que haga. Sin embargo, es innegable que este último trabajo suyo pudo haber sido dirigido por cualquier otra persona, y no se sentiría diferencia alguna. Habrá quienes traten de vincular esta obra con Casino como si fuera una especie de secuela espiritual, o su hermanito menor. Pero las tonalidades son totalmente diferentes, ni hablar que esta otra no tiene mayor ambición que mostrarnos un chiste mal contado repetido hasta el hartazgo.

Así pues, este lobo no resulto ser tan feroz como parecía, habita una película que no tiene mucho que decirnos, y que es más una prueba de resistencia que un retrato de una sociedad, o una crítica a un sistema económico. Es como el amigo que se cree el comediante del grupo y repite el mismo chiste a donde quiera que va, después de un rato lo único que uno quiere es que el tipo se calle, se quede sentado y se termine su trago en paz. Mientras uno se quedará ahí, esperando encontrar alguien que sí tenga algo más interesante que contar.

Trailer de El lobo de Wall Street (The Wolf of Wall Street):

EL LOBO DE WALL STREET
(The Wolf of Wall Street)
Dirección: Martin Scorsese; Guión: Terence Winter, basado en el libro autobiográfico de Jordan Belfort; Producción: Riza Aziz, Leonardo DiCaprio, Joey McFarland, Martin Scorsese, Emma Tillinger; Fotografía: Rodrigo Prieto; Música: Howard Shore; Edición: Thelma Schoonmaker; Elenco: Leonardo DiCaprio (Jordan Belfort), Jonah Hill (Donnie Azoff), Margot Robbie (Naomi Lapaglia), Matthew McConaughey (Mark Hanna), Kyle Chandler (Agente Patrick Denham), Rob Reiner (Max Belfort), Jon Bernthal (Brad), Jon Favreau (Manny Riskin), Jean Dujardin (Jean Jacques Saurel), Cristin Milioti (Teresa Petrillo)
EE.UU., 2013, 180 min.